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Conectando con la naturaleza

  • 18 ene 2025
  • 2 min de lectura

Actualizado: 21 ene 2025



Autor: Luis Fuentes


El 3 de enero de 2025 hicimos un viaje a la comunidad del Palmar, lugar que ya visitamos con anterioridad, pero esta vez fue diferente porque otras personas nos acompañaban. A continuación, narramos los aspectos más interesantes y detalles pertinentes para conocer esta historia con más cercanía.


Las expectativas eran altas porque estábamos volviendo despues de muchos años. El recuerdo de la última vez que visitamos el lugar es una imagen donde compartimos con algunas personas y disfrutamos de la amabilidad de una familia. Ahora despues de mucho tiempo es encontrar a esas personas.


El día viernes por la mañana partimos de Tarija con un día un tanto lluvioso. Era necesario revisar todo el equipaje para ver que este todo lo necesario para las inclemencias del tiempo y por cualquier situación que pueda pasar en el camino. Teníamos claro que nos enfrentamos a un terreno totalmente natural donde algún imprevisto nos podía dejar varados en el camino.


Viajamos durante 5 horas continuas, a mitad del camino descansamos en San Josecito. Esta es una comunidad que logro su desarrollo mediante la producción de cítricos, hasta ahora sus productos son muy requeridos en el mercado tarijeño, la comunidad es la que limita con el municipio de Culpina perteneciente al departamento de Chuquisaca.


Aproximadamente a las 16:00 llegamos a la comunidad del palmar. Tras haber conocido dos ríos importantes, uno que limita ambos departamentos y otro que brinda agua a todas las comunidades circundantes. El camino se encontraba un poco desgastado por las constantes lluvias que se unos días antes.


Ese mismo día nos encontramos con la familia que conocimos hace algunos años. La mayor alegría fue compartir con ellos, no los veíamos desde hace mucho tiempo y claro, las cosas cambiaron mucho, ahora ellos ya tenían electricidad, podían tener celulares para comunicarse y por consecuencia su nivel de vida aumento.


Pasamos el resto de los días compartiendo con ellos, siempre es emocionante ayudarlos en los quehaceres del campo, porque es la única manera en que el citadino puede conectar con la naturaleza. Las plantaciones, los ríos, la vida, las personas, entre otras cosas más son la vida cotidiana en ese lugar.


El domingo por la tarde emprendimos el viaje de regreso, pero con la promesa de regresar. Nos despedimos de nuestros amigos y dispusimos el todoterreno para regresar a la ciudad. Nos tomó más de cinco horas llegar a casa pero todo el cansancio se va cuando sentimos una mente tranquila después de haber dejado el estrés caótico de la rutina atrás.



 
 
 

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